De seguro ya has leído sobre el síndrome del impostor y cómo superarlo. El tema no es menor ya que alrededor del 82% de la población lo experimenta. Usualmente se dan tips como: escribir tus logros, dejar de lado el perfeccionismo, adoptar una mentalidad de crecimiento, conversarlo con otros, etc., etc.
Sin embargo, estos consejos pocas veces funcionan y te digo porqué: Una cosa es comprender el fenómeno a nivel mental y otra muy diferente es integrar ese conocimiento a nivel emocional, que es donde se produce el cambio más profundo. Así que aquí te daré un consejo mucho más útil y divertido: NECESITAS UN ALTER EGO. Yo lo hice y me ha servido de una manera que no imaginas.
Un alter ego es una tecnología extremadamente eficaz que utilizan atletas olímpicos, artistas y empresarios de alto rendimiento. La ciencia detrás es fascinante. Un estudio de la Universidad de Minnesota pidió a niños realizar una tarea difícil. Un grupo debía intentarlo como ellos mismos. Otro grupo debía preguntarse: «¿Qué haría Batman?».
Adivina qué pasó: El grupo de Batman mostró significativamente más persistencia y flexibilidad para resolver problemas. No fingieron tener habilidades que no tenían. Tomaron prestada la disposición del personaje a perseverar y tener seguridad. Los investigadores lo llaman «distanciamiento psicológico»: crear espacio entre tú y tu miedo te permite comportarte como alguien que no lo tiene.
Tu cerebro no distingue entre actuar de verdad y «actuar como si». Los mejores del mundo usan esto como una herramienta. El problema de fondo es que al mostrarte como «tú mismo» en dichas situaciones no es neutral. Es una desventaja. Porque tu identidad no es fija. Es una colección de miedos, experiencias y etiquetas que absorbiste de otras personas antes de que tuvieras criterio para discernir.
Cada vez que entras en un momento de alto riesgo cargando con esa identidad acumulada, traes hacia ti sus limitaciones. El alter ego no es una mentira. Es una decisión deliberada sobre qué versión de ti mismo tiene permitido mostrarse. Es una cuestión de permisos.
Todd Herman pasó más de 20 años entrenando a atletas olímpicos y ejecutivos con un mismo marco. Su idea central es simple: tu yo ordinario es un yo condicionado. El alter ego es tu yo intencional, lo que él llama el Yo Heroico: la versión de ti que ya existe pero ha sido desplazada.
Casos reales
Tres casos famosos reflejan el éxito de este método:
1.- La cantante Beyoncé construyó a ‘Sasha Fierce’ (nótese el apellido) porque la brecha entre quién era fuera del escenario y lo que la actuación exigía de ella, era insostenible. «Me protege y protege a quien realmente soy», confesó.
2.- Quienes trabajaron con Steve Jobs sabían que existían dos. Uno, inseguro y tenso, que ensayaba obsesivamente cada presentación en público. El otro Steve aparecía al salir al escenario: la torpeza desaparecía, la inseguridad también. Ese era su alter ego. Y con él resucitó una empresa moribunda y la convirtió en la más valiosa del planeta.
3.- Kobe Bryant, la leyenda del baloncesto estadounidense, creó a Black Mamba: un depredador de circuito cerrado inmune al ruido, a la presión, al miedo. Esa versión oculta de él le permitió ganar dos campeonatos más.
Cómo construir tu Alter Ego en cuatro pasos:
Para crearlo, Herman propone cuatro preguntas, en estricto orden:
1. ¿Dónde eres más diferente de quien necesitas ser?
Es necesario identificar el campo de juego: ese momento o lugar específico donde tu yo condicionado es más ruidoso y limitante.
2. ¿Qué requiere realmente ese contexto de ti?
Construye el código fuente. No virtudes generales como «confianza», sino precisiones. Por ejemplo: «la capacidad de escuchar un «no» y seguir adelante como si nada». O bien «La habilidad de decir tu precio y no temblar en los tres segundos siguientes».
3. ¿Quién o qué ya encarna esos rasgos al nivel que necesitas?
Puede ser un personaje histórico, ficticio, un animal, una fuerza de la naturaleza. El requisito es que sientas algo cuando piensas en ello. La comprensión intelectual no es suficiente, debes integrarlo también desde la emoción.
4. ¿Qué acto físico puedes realizar que solo asocies con esa identidad?
Ese es tu ritual de activación. Beyoncé se ponía los tacones. Kobe escuchaba la música de Halloween y se visualizaba a sí mismo entrando en una jaula con la serpiente. Steve Jobs se ponía, antes de cada presentación, su famosa camiseta negra para cambiar de frecuencia. No necesita ser elaborado. Necesita ser consistente. La primera vez que lo haces, estás practicando. En la vigésima, este pequeño acto produce la activación del estado que deseas.
Lo más importante que debes comprener: El alter ego no te da habilidades que no tienes. Te da acceso a las que sí tienes.
Tu cerebro trata las situaciones desafiantes como un peligro físico: el juicio social, el miedo al fracaso: todo se procesa a través del mismo circuito que la supervivencia. Tu yo ordinario se encoge y retrocede a comportamientos conocidos. El alter ego crea suficiente distancia de esa reacción automática para que tus capacidades reales puedan aparecer.
La versión de ti que puede hacer lo necesario (y más conveniente para tí) ya existe. Siempre ha existido. Solo está esperando salir a la luz. La pregunta no es si tienes un alter ego. La pregunta es si lo eliges deliberadamente o dejas que tu identidad condicionada siga operando por ti.
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